EL EGO (Segunda parte)

Espero que este post te llegue en un momento neutro. En primer lugar, gracias por tomarte el tiempo para leerlo, pues los escribo con la finalidad de que te motiven e inspiren a seguir profundizando, a transformarte. Como sabrás, hacernos consciente, comprender y trabajarnos el ego (lado oscuro) es lo que nos permite que se manifieste nuestra esencia (lado luminoso).

Durante nuestra vida podemos quedar atrapados en los sistemas del ego. Generalmente pocos nos tomamos el tiempo para comprender la percepción emocional de nuestro ser, pero sobre ello, ya te escribí algunas líneas, y si aún no las has leído, aquí te dejo el link de mi primer post sobre el EGO https://butterflyespirit.com/2020/10/08/el-ego/

Después de leer mi primer post y entender esos primeros pasos para un proceso de cambio, hoy quiero hablarte más en profundidad sobre el ego. Se trata del mecanismo de defensa del cual surge el victimismo, la esclavitud, el miedo, la falsedad, el egocentrismo, generando que te conviertas en un ser distinto al que realidad eres.

El ego es la causa del conflicto y el sufrimiento, es sinónimo de sombra y oscuridad. De ahí la importancia de conocer cómo funciona y cómo podemos trabajarlo. ¿Cómo empezamos hacerlo?

  • Cuando permites que tu estado de ánimo dependa de las situaciones o hechos externos o que escapan a tu control.
  • Cuando te sientes avergonzado, inseguro u ofendido.
  • Cuando vives en piloto automático, sin vivir el momento de forma consciente.
  • Cuando te esclavizan tus pensamientos, tus actitudes y tus comportamientos tóxicos o nocivos.
  • Cosechas resultados emocionales insatisfactorios de forma involuntaria.

Con estas líneas quiero que podamos seguir reflexionando sobre cómo ir más allá del ego y poder así reconectar con nuestra verdadera esencia, donde reside la sabiduría y el bienestar que todos andamos buscando.

Para trascender el ego y poder reconectar con nuestra esencia, que es lo que verdaderamente somos y donde se encuentra la felicidad, la paz y el amor que equivocadamente buscamos afuera.

Los seres humanos adquirimos nuestras habilidades, el cómo pensar, el qué decir, el qué comer, cómo comportarse, etc., a lo largo que crecemos y que construimos nuestro propio camino en la vida. Y no sólo eso. Dentro del útero materno, el bebé se siente conectado y unido a su madre y, por ende, a todo lo demás. Y así con nuestro árbol genealógico y las creencias que (algunas veces limitantes) que nos inculcan nuestros padres, abuelos y familiares (si quieres leer un poco más sobre éstas, te invito a leer mi post sobre los contratos familiares  https://butterflyespirit.com/2021/10/19/contratos-familiares-que-nos-impiden-avanzar/ ).

La mayoría de heridas que nos hacemos se regeneran con el paso del tiempo. Desde el mismo día de nuestro nacimiento, cada uno de nosotros hemos ido perdiendo el contacto con nuestra «esencia», también conocida como «ser» o «yo verdadero». La esencia es el lugar en el que residen la felicidad, la paz interior y el amor, tres cualidades de nuestra auténtica naturaleza, las cuales no tienen ninguna causa externa; tan sólo la conexión profunda con lo que verdaderamente somos.

En la esencia también se encuentra nuestra vocación, nuestro talento y, en definitiva, el inmenso potencial que todos podemos desplegar al servicio de una vida útil, creativa y con sentido. Desde un punto de vista emocional, cuando reconectamos con nuestra esencia disponemos de todo lo que necesitamos para sentirnos completos, llenos y plenos por nosotros mismos. Entre otras cualidades innatas, la esencia nos acerca a la responsabilidad, la libertad, la confianza, la autenticidad, el altruismo, la proactividad y la sabiduría, posibilitando que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos. Es sinónimo de luz. Así, estamos en contacto con nuestra verdadera esencia cuando estamos muy relajados, tranquilos y serenos.

Cuando independientemente de cómo sean nuestras circunstancias externas, a nivel interno sentimos que todo está bien y que no nos falta de nada. Cuando vivimos de forma consciente, dándonos cuenta de nuestros automatismos psicológicos. Cuando somos capaces de elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria. Cuando logramos relacionarnos con los demás de forma pacífica, constructiva y armoniosa, tratando de comprender en vez que querer que nos comprendan primero.

También estamos en contacto con nuestra esencia cuando dejamos de perturbarnos a nosotros mismos, haciendo interpretaciones de la realidad mucho más sabias, neutras y objetivas. Cuando aceptamos a los demás tal como son, ofreciendo en cada interacción lo mejor de nosotros mismos. Cuando vivimos en el presente, disfrutando plenamente del aquí y del ahora. Cuando permanecemos en silencio y escuchamos con toda nuestra atención las señales que nos envía nuestro cuerpo. Cuando conseguimos ver el aprendizaje de todo cuanto nos sucede. Cuando sentimos que formamos parte de la realidad y nos sentimos uno con ella. Cuando experimentamos una profunda alegría y gratitud por estar vivos. Cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida. Cuando abandonamos la necesidad de querer cambiar el mundo y lo aceptamos tal como es, aportando sin expectativas nuestro granito de arena. Cuando reconocemos no saber y nos mostramos abiertos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje…

Al regresar al lugar del que partimos y del que todos procedemos, experimentamos un punto de inflexión en nuestra forma de comprender y de disfrutar de la vida. Empezamos a vivir de dentro hacia afuera. Y por más que todo siga igual, al cambiar nosotros, de pronto todo comienza a cambiar «subimos a un nuevo nivel de conciencia».

En la medida que vamos creciendo nuestra esencia queda sepultada por el «ego». Así es como perdemos, a su vez, el contacto con la felicidad, la paz interior y el amor que forman parte de nuestra verdadera naturaleza. Y, como consecuencia, empezamos a padecer una sensación de vacío e insatisfacción crónicos.

El ego es nuestro instinto de supervivencia emocional o «falso yo». Es como un escudo protector, cuya función consiste en protegernos del abismo emocional que supone no poder valernos ni sobrevivir por nosotros mismos durante tantos años de nuestra vida. El ego -que en latín significa «yo»- también es la coraza que hemos ido creando con distintas creencias para adaptarnos al entorno social / económico en el que vivimos. El ego también se asienta y se nutre de nuestro lado oscuro, es decir, cuando le damos cabida a nuestros miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de la vida.

Todos hemos sufrido, pero nosotros mismos podemos cambiar ello, ya que el nivel de sufrimiento es proporcional al tamaño de nuestro ego. Y aunque no quiero que veamos el ego como nuestro enemigo (en mi próximo post hablaré de su función), si podemos utilizar las situaciones adversas que vivimos para transformarnos.

En ese sentido, quiero compartir las palabras del quarterback de la NFL Alex Smith “These scars, they’re not just a reminder of everything I’ve been through but … everything that’s in front of me“. 𝘋𝘦𝘧𝘪𝘯𝘪𝘵𝘪𝘷𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘤𝘪𝘤𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘦𝘴, 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘯𝘰𝘴𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘧𝘪́𝘴𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰𝘴 𝘵𝘦𝘯𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘤𝘪𝘤𝘢𝘵𝘳𝘪𝘤𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘮𝘢. Todos hemos vivido situaciones adversas, lesiones o enfermedades, pérdidas. Y cuando esto sucede, es fácil sentirse abrumado por la emoción y perder la perspectiva de lo que importa..Es allí donde digo que confíes, que toda esa situación 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘮𝘢́𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴, y tal como dice Alex, 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙖𝙨 𝙘𝙞𝙘𝙖𝙩𝙧𝙞𝙘𝙚𝙨, 𝙣𝙤 𝙨𝙚𝙖𝙣 𝙨𝙤𝙡𝙤 𝙪𝙣 𝙧𝙚𝙘𝙤𝙧𝙙𝙖𝙩𝙤𝙧𝙞𝙤 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙡𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙝𝙚𝙢𝙤𝙨 𝙥𝙖𝙨𝙖𝙙𝙤, 𝙨𝙞𝙣𝙤… 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙡𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙩𝙚𝙣𝙚𝙢𝙤𝙨 𝙚𝙣 𝙛𝙧𝙚𝙣𝙩𝙚, 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤 𝙡𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙨𝙩𝙖́𝙨 𝙥𝙤𝙧 𝙫𝙞𝙫𝙞𝙧.  Así que por mucho que podamos sentirnos identificados con él, no somos nuestro ego, recuerda que el ego no es real. El victimismo y todas esas emociones negativas son una creación de nuestra mente, tejida por medio de creencias y pensamientos. Vivir desde el ego nos lleva a no ser dueños de nosotros mismos -de nuestra actitud-, nos convertimos en esclavos de nuestras reacciones emocionales y, en consecuencia, de nuestras circunstancias. Recuerda las palabras de Buda “Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”. Un abrazo de luz ✨.

Si te ha gustado este contenido, comenta y usa los botones abajo para compartir en tus redes sociales!!! 😊

Si quieres dejar tu opinión, recuerda que siempre sea de firma positiva y con respeto. Por el contrario, cualquier opinión agresiva, conductas o expresiones que vayan en contra del respeto, la dignidad, o constituyan injurias o calumnias será bloqueado, y denunciado a las Autoridades conforme a lo previsto artículo 208 del Código Penal Español. El delito de injurias se prevé una pena de multa que oscila entre 3 y 14 meses y para las calumnias la pena será de prisión de 6 meses a 2 años o multa de 6 a 24 meses.

2 Comments

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s