Contratos familiares que nos impiden avanzar

Los contratos familiares están arraigados en nuestros inconscientes y tienen más poder sobre nosotros de lo que nos imaginamos. Muchas veces, no comprendemos por qué somos incapaces de cambiar ciertos hábitos o de conseguir lo que nos proponemos, por el hecho de ser fieles a nuestros progenitores. No te has preguntado, porque si te propones cambios y siempre acabas saboteándote? ¿Existen áreas en tu vida en las que repites ciertos patrones familiares y no consigues lo que te propones?

Un contrato es un acuerdo entre dos partes que se comprometen a dar algo y a recibir algo a cambio. Pero no todos los contratos son escritos o verbales, algunos de ellos están en el plano de la consciencia. Los contratos son entonces, una especie de “códigos” que están situados en lo más profundo de nuestras mentes en forma de creencias y estas condiciones se “sellan” desde la infancia.

Bert Hellinger, teólogo y espiritualista alemán conocido por ser el creador de las constelaciones familiares (una hipótesis pseudocientífica que postula que los miembros de una familia se influyen recíprocamente en su salud y en su conducta) afirma que la necesidad de pertenencia es una necesidad básica. Cada uno de nosotros está inconscientemente influenciado por su sistema familiar transgeneracional y hereda los problemas no resueltos de sus familiares.

Sin darnos cuenta, aceptamos ciertas conductas y formas de pensar por miedo a perder el amor, la atención y la aprobación de nuestros familiares. Somos leales a nuestros progenitores sin cuestionarnos si queremos serlo.

El problema de estas lealtades o contratos familiares es que nos impiden crecer y ser auténticos y pueden afectarnos en distintas áreas.

Ejemplos de contratos intelectuales:

Muchas de las creencias que tenemos son contratos que mantenemos con nuestro árbol genealógico, ideas que se nos han transmitido desde nuestros bisabuelos y que no podemos cuestionar. Debemos deshacernos de cualquier creencia que no sea bella y útil.

“Serás abogado, como los hombres de provecho de esta familia”, “En esta casa se habla cristiano”, “Eres torpe como tu madre”, “En la vida debemos dejar las cosas igual que nos las hemos encontrado”, “Un hijo nunca debe superar a un padre”.

Los contratos intelectuales son como las “ideas irracionales” que describe Albert Ellis, raíces de nuestras emociones perturbadas y comportamientos desajustados, donde la familia configura un esquema de creencias tóxicas, que nosotros adoptamos por lealtad a ella.

Ejemplos de contratos emocionales:

Suelen venir en formato de inhibiciones emocionales. Muy asociados a los niveles de consciencia infantiles…

“No crezcas”, “Aquí somos del Madrid”, “No seas tonto y no te eches novia”, etc.

Los contratos emocionales nos atan con fuerza al pasado y fomentan las relaciones basadas en la dependencia emocional. Disolver estos contratos es abrir al fin la puerta a la libertad de amar con un nivel de consciencia superior.

Ejemplos de contratos libidinales:

Aquí están todas las inhibiciones creativas y sexuales.

“El teatro, la pintura, la música, son una pérdida de tiempo”, “Esta relación no te conviene”, “Te casarás a los 25”.

También hay un contrato inconsciente que se repite de generación en generación, por ejemplo: “La mujer que expresa deseo sexual es una fulana”.  La prohibición de la homosexualidad, etc.

Ejemplos de contratos materiales-corporales-económicos:

Aquí es necesario que encontremos los elementos que permitan separarnos de la violencia, del miedo y de la culpabilidad.

 “No toques eso que los romperás”,  “El dinero es el pecado”, “El que arriesga pierde”, “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, “Más vale malo conocido que bueno por conocer”…

Todo esto insta a acomodarse con una pareja que ya no aporta nada, un trabajo insatisfactorio, una casa que no es un hogar y también a una ciudad, un banco, un grupo de amigos etc. Instalados en un territorio para siempre, porque nos han enseñado que arriesgarse es perderlo todo, en lugar de impulsarnos a seguir nuestros deseos como sabio camino de transformación.

Los contratos se cumplen por lealtad, pero también por temor a las consecuencias. Digamos que hay un miedo a ser castigados, a que se cumplan esas predicciones, por ejemplo, “Si te divorcias, te mirarán mal”, “Si te haces artista, vivirás en la pobreza”.

Para finalizar, recuerda que tú no eres responsable de la felicidad de tus familiares. Toma la decisión de romper los contratos emocionales invisibles para poder ser coherente con tus valores y crecer. Tú puedes sanar este tipo de miedo al incumplimiento a lo que los padres y abuelos ordenaron. No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que en realidad somos. No estamos en este mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.

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